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Entrevista a Arcadi Oliveres

15 June 2008 215 views No CommentPrint This Post Print This Post

Des de su despacho en la Universitat Autònoma , Arcadi Oliveres reflexiona sobre el panorama del comercio de armas en España y en el resto del mundo, explica en qué estado se encuentra la regulación de estas transacciones e imagina qué pasaría en nuestro país si no se fabricaran armas.

“Si España fabrica aviones de guerra, también puede fabricar aviones cisterna para apagar fuegos”

Arcadi Oliveres nos recibe en su despacho de la Universitat Autònoma de Barcelona. Los libros y papeles cubren todas las paredes, los montones llegan hasta el techo; informes y libros se mezclan con trabajos de estudiantes. Arcadi Oliveres es, además de profesor, presidente de Justícia i Pau, organización destinada a la promoción de la paz y los derechos humanos. Desde joven su interés se ha dirigido al estudio del comercio de armas, de los conflictos bélicos y de la construcción de la paz. A través del Centre Delàs d’estudis per a la Pau, Justícia i Pau estudia y denuncia todo lo referente a las transacciones armamentísticas en España y en el resto del mundo.

¿Qué información pueden llegar a tener la ciudadanía y los centros de estudios como el Delàs sobre las transacciones armamentísticas en España?

La información que tenemos es parcial y la recibimos fragmentada. A parte del Gobierno, las memorias de las empresas son una fuente de información muy útil. A veces, por puro lucimiento empresarial, las productoras de armamento presumen que han sido más competitivas o que han entrado en algún mercado y eso nos permite tener datos sobre la transacción. Otras veces nos hemos encontrado con sorpresas verdaderamente interesantes.

¿Como por ejemplo?

Hace algunos años des del Centre Delàs denunciamos que el Gobierno de Felipe González vendía armas a Pinochet. Poco después me convocaron en un programa de radio donde había también un diputado del PSOE que negaba que se estuvieran vendiendo armas al dictador. “Este señor está engañando”, decía en la radio. Su argumento era que no había ningún dato del Gobierno que demostrara la transacción: las habían declarado secretas y no se publicaron.

Pero en Londres el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, edita cada año el Military Balance, una publicación donde se detallan las principales transacciones de armas del año. Este documento lo traduce al castellano el propio Ministerio de Defensa y lo publica sin ni siquiera mirarselo. En el caso de Pinochet, el mismo gobierno había publicado sin darse cuenta toda la información sobre la transacción de armas que negaba haber hecho.

¿Qué órganos de control de las transacciones hay en España y qué los diferencia de los de otros países?

En todos los países hay órganos de control. Pero la cuestión es de quién dependen estos órganos. En España, la Junta Interministerial es gubernamental. Lo que debería haber es una comisión parlamentaria que pudiera estudiar y valorar la situación des de fuera. En otros países sí que es así.

¿Y a nivel mundial?

Hace unos años la ONU había previsto crear un registro mundial de explotación de armas y como des del Centre Delàs estábamos llevando a cabo una campaña contra el comercio de armas, fui a Nueva York, a la reunión en que se debía aprobar esto. Quedé completamente decepcionado del resultado. Cuando parecía que se iba a aprobar, el embajador de Estados Unidos presentó una enmienda: dijeron que ellos aceptaban el registro de venda de armas siempre que se añadiera la palabra voluntario. Evidentemente, el proyecto dejó de tener sentido. El primer año España no dio ninguna información sobre sus exportaciones.

¿Qué evolución ha seguido el comercio de armas en los últimos años?

El comercio de armas tuvo su momento más álgido a partir del fin de la Guerra Fría. El primer subministrador entonces era la URSS , el segundo Estados Unidos, y des del punto de vista de los compradores, se hablaba d elas cuatro “i”: Índia, Iraq, Irán e Israel. Con el fin de la Guerra Fría , la URSS dejó de vender, Iran e Irak dejaron de comprar y las compras de India e Israel también disminuyeron.

La clave de todo esto está en que en los últimos años han disminuido las ventas de armas pero han aumentado las vendas de licencias de fabricación. Por ejemplo, antes la India compraba las armas a Rusia, pero ahora las fabrica gracias a una licencia que le ha vendido Rusia. Así, los países que antes eran exportadores ahora venden licencias de fabricación a buen precio.

Una de las cuestiones que más ha tratado el Centre Delàs son las implicaciones de las empresas españolas en las transacciones armamentísticas. De qué forma están presentes estas empresas en la industria armamentística?

Una empresa tiene muchas formas de vincularse al negocio de las armas. Están las que venden los componentes: empresas de óptica, de electrónica… También está el sector de la banca y otro muy importante y que no se suele tener en cuenta: el de las aseguradoras.

A menudo se pasa por alto que las transacciones deben asegurarse y las aseguradoras tienen en este sector un negocio muy lucrativo.

¿Y los bancos?

Tienen dos tipos de vinculaciones. Uno es el caso del BBVA, que es accionista directo de empresas armamentísticas, es decir, que es propietario de una parte de la empresa. Pero este no es el caso más frecuente. El otro es el caso de la financiación de la venta de armas. Y lo que denunciamos des de Justícia i Pau es que la banca española no financia sólo vendas de armas españolas sino italianas, cuando los italianos no encuentran quién se las financie.

La venta de armas a un país está directamente relacionada con el agravamiento del conflicto. ¿Hay alguna ocasión en que España haya tenido un papel en este sentido?

Sí, a veces se han intentado esconder estas transacciones, pero siempre se acaba descubriendo la verdad. En el 94 con el conflicto de Ruanda, se descubrió que se habían vendido armas españolas en el conflicto cuando había un embargo de la ONU a este país para que no entraran más armas. Después de una investigación periodística, se descubrió que las empresas exportadoras españolas habían hecho un acto de corrupción con la embajada de Panamá: los empleados de la embajada certificaron que el destino final de las armas era Panamá, pero los barcos no llegaron nunca: se hacia el Golfo de Guinea y una vez en África eran transportadas hasta Ruanda.

Imaginemos por un momento que la industria militar en España desaparece, que se dejan de producir y de vender armas. Algunos economistas y estudiosos vaticinan que habría una crisis económica. ¿Cómo crees que la desaparición de las armas afectaría a España?

En nada. En España sobre el total de población activa, aproximadamente un 20% trabaja en la industria y de este porcentaje, sólo un 2% es industria armamentística. El impacto sobre la sociedad sería muy pequeño.

Por otro lado, yo creo en la reconversión de las fábricas de armamento en fábricas de productos útiles para la sociedad. España fabrica aviones de guerra, que haga aviones cisterna para apagar incendios forestales.

¿Hay algún ejemplo reciente de reconversión de industria de guerra en industria de paz?

Poco después de la caída del Muro de Berlín, tuve la ocasión de visitar Alemania oriental. Esta región antes de la caída del Muro estaba repleta de fábricas de armamento rusas. Los gobiernos de los Landers las reconvirtieron en fábricas de productos que beneficiaron a la sociedad. Durante mi estancia allí pude ver antiguas fábricas de pistolas convertidas en fábricas de cochecitos para criaturas, parques temáticos que habían sido bases militares…

Se habla de nuevas tecnologías, de lugares de trabajo, de aumento de exportaciones… ¿Qué beneficios reales tiene la venta de armamento?

Ninguno. Y lo digo rotundamente porque he estudiado el caso con profundidad, hice mi tesis doctoral sobre esto. Contrariamente a lo que se suele pensar, la industria armamentística no genera muchos lugares de trabajo, ni progreso científico, ni tantas exportaciones como se piensa. Que la venta de armas, éticamente no debe aceptarse, en eso estamos todos de acuerdo. Pero des del punto de vista económico tampoco compensa. Si comparas el dinero que se invierte en la industria armamentística con los puestos de trabajo que se generan, por la misma cantidad de dinero inviertes en una fábrica que haga vías o vagones de tren y puedes contratar mucha más gente.

En lo referente a la tecnología, la investigación militar se lleva una parte muy importante de la investigación científica, que no puede ir destinada al mundo civil. Al final el porcentaje de la tecnología militar que se acaba trnsfiriendo al mundo civil es menor al 10%.

¿Entonces porqué se mantiene la industria armamentística?

Se acepta porque los que están dentro cobran sueldos magníficos. Y como tienen mucho peso, intentan convencer a la opinión pública que eso es beneficioso. Pero en realidad sólo lo es para su bolsillo.

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