Las propuestas de reforma de la ONU se estancan mientras los jóvenes presionan para mejorar la situación
Laura Millan Lombraña-. Tras la tercera edición del Catalonia Model of United Nations en Barcelona, organizadores, participantes y expertos reflexionan sobre la función de este tipo de actividades y el papel real de Naciones Unidas en el mundo actual. La reforma del Consejo de Seguridad o la presencia de la ONU en los medios son algunos de los principales problemas a los que la organización debe hacer frente.
“El Consejo de Derechos Humanos, basándose en la Carta de Naciones Unidas y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, declara que los actos de violencia cometidos por Israel en Palestina son actos de genocidio y que ha aplicado políticas de apartheid contra el pueblo palestino”.
¿Enmiendas?
Los chairs o moderadores Isik Oguzertem y Princy Elamthuruthil levantan la cabeza. Se levanta Anita Ghodes, representante de Gran Bretaña, en contra de la resolución. Empieza la discusión.
Hace casi dos días que los representantes discuten la propuesta de resolución que una coalición de estados liderados por Cuba, Arabia Saudí, Malasia y Azerbaiyán llevaron al Consejo de Derechos Humanos.
¿La idea? Conseguir que este órgano de la ONU declare genocidio y apartheid los actos de Israel sobre el pueblo palestino. Al principio parecía que esta resolución progresaría sin problemas: la falta de representantes de Estados Unidos e Israel hacía más fácil la victoria de la primera coalición. Pero poco después una nueva coalición de países liderados por Gran Bretaña, Italia y Francia hizo peligrar la resolución que al principio parecía tan clara.
Abundan las camisas y las corbatas, el inglés es el idioma por excelencia. Se habla con fluidez pero salpicado de acentos: italiano, turco o castellano.
Si los representantes tuvieran 20 años más y estuviéramos al otro lado del Atlántico, este podría ser el Consejo de Derechos Humanos. Pero no. Resulta que estamos en el Palau de Congressos de Barcelona, donde se está celebrando el C’MUN. Es decir, el Catalonia Model of United Nations.
Miembros del Consejo de Derechos Humanos del C’MUN discuten la resolución de Israel y Palestina en un debate informal
Un Modelo de Naciones Unidas, o MUN, es exactamente esto: una reproducción fidedigna de la ONU, con sus órganos (el Consejo de Seguridad, el Consejo de Derechos Humanos, el de Desarme, la Alianza de Civilizaciones…) y su funcionamiento tradicionales con la sola diferencia que los representantes de los países son estudiantes universitarios. La mayoría estudian ciencias políticas, diplomacia o relaciones internacionales y durante unos días cambian las deportivas por zapatos y juegan muy en serio a ser diplomáticos.
Representantes en la Alianza de Civilizaciones del C’MUN amenizan la conferencia con cantos y bailes tradicionales de cada país
«Normalmente en el C’MUN no somos tan realistas ni tan acurados como en la realidad, pero también se puede ver desde el punto de vista que somos más valientes y agosarados que la ONU de verdad» afirma Raül Jiménez, responsable de Comunicación y Juventud de la Asociación para las Naciones Unidas en España (ANUE).
Por su lado, Isik Oguzertem, el ‘chair’ del Consejo de Derechos Humanos, anima también a los representantes a «aprovechar la oportunidad, pasarlo bien y, sobretodo, hacer y decir cosas diferentes».
«Es una forma de conocer gente, de aprender, de hacer contactos y adquirir experiencia en el ámbito de las relaciones internacionales», explica Pol Fontanet, profesor de Relaciones Internacionales en la Universitat Autònoma de Barcelona y, junto con Raül Jiménez, la persona que hace ya cinco años convirtió el C’MUN en una realidad. Fontanet afirma que participar en un Modelo es útil para aprender como funciona la ONU y entender como son las relaciones entre países cuando se tienen en cuenta los intereses de cada uno.
Representantes en el Consejo de Seguridad del C’MUN
Aún así, hay diferencias entre la ONU de verdad y esta, más joven y más pequeña. Y es que el idealismo que enseguida se nota en los Modelos es difícil de encontrar en la ONU, «quizás porque allí se prima más el realismo puro y duro: a veces es mejor ser pragmático antes que no tener una resolución», reflexiona Jiménez.
La ONU, la organización internacional más grande del mundo. Un punto de encuentro entre estados de casi todo el mundo que tiene como misión llegar a acuerdos en cuestiones como la paz, el desarrollo, los derechos humanos o la seguridad internacional.
Al otro lado hay resoluciones que no se toman por falta de consenso, o que se toman y jamás se llegan a cumplir. Guerras, hambre, epidemias. Desastres naturales, muertes y masacres cuyos efectos se podrían haber mitigado con una intervención más rápida de la ONU.
Consciente de todo esto, en el año 2000 la ONU planteó los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que tenían que cumplirse en el 2015, con la intención de mejorar algunas de las cuestiones que habían fallado en los últimos años. Pero después de una revisión en el 2005, quedó claro que los objetivos iniciales -entre los cuales había erradicar la pobreza extrema y el hambre o conseguir la enseñanza primaria universal- no se cumplirían antes del 2015.
Reunión en el Consejo de Seguridad de la ONU
Poco después se planteó una reforma de la ONU que incluía también una polémica reforma del Consejo de Seguridad. Esta propuesta fue tomando forma hasta que llegó al mismo Consejo. «Era el momento en que tenían que pasar de las palabras bonitas y los discursos a la acción, y fue un fracaso -se lamenta Raül Jiménez- dudo que ni siquiera se discutiera en serio la posibilidad de un cambio: en los niveles donde se toman las decisiones, el statu quo queda igual».
«Es una vergüenza que la comunidad internacional no tenga el coraje de tomar una posición clara contra los países más poderosos» clamaba Philip dos Santos, representante de Cuba en el Consejo de Derechos Humanos del C’MUN. «Ya es hora de que los países dejen de tener dobles posturas sobre los derechos humanos: tenemos que encontrar soluciones» comentan otros. Las críticas que se lanzan desde el C’MUN son una llamada a que los representantes cambien el proceder habitual de la ONU, a la vez que una crítica de la forma de funcionar de la organización.
Si bien a menudo se acusa las altas esferas de Naciones Unidas de ineficacia y de poca voluntad de cambio, en los niveles más inferiores se ha llevado a cabo un trabajo esencial, sobretodo desde el punto de vista de la ayuda al desarrollo y el mantenimiento de la paz en países subdesarrollados. Así, desde su fundación, la ONU ha contribuido en la negociación de más de 170 acuerdos de paz que han puesto fin a conflictos regionales y actualmente tiene misiones de paz en 16 regiones diferentes. La Comisión de Consolidación de la Paz, por ejemplo, tiene como objetivo quedarse en los lugares donde se acaba de resolver un conflicto para garantizar que éste no vuelva a surgir. Este tipo de comisiones han sido la clave de la pacificación de conflictos como el de Kosovo.
Pero aún con los datos más positivos sobre la mesa, no se puede perder de vista que muchas de las misiones de la ONU han fracasado o han contribuido a empeorar los conflictos, la intervención de Estados Unidos en Somalia en 1993 es un buen ejemplo de ello. Por otro lado, siempre se dice que la ONU hace lo que sus estados le dejan hacer. Y en ese sentido: «cuando la ONU fracasa, no se tiene en cuenta porqué fracasa, sino sólo que fracasa», critica Pol Fontanet. Este hecho hace que muchas veces la imagen pública de la ONU se vea perjudicada por cuestiones como la falta de acuerdo entre estados, la falta de financiación o el uso de la posición preeminente de los que tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad sobre otros.
A eso se le añade e hecho de que muy pocas resoluciones de la ONU trascienden a los medios de comunicación. Es por este motivo que demasiado a menudo lo esfuerzos y triunfos que la ONU consigue alrededor del mundo quedan fuera del conocimiento público. El ejemplo más claro se encuentra en la profusión de expresiones como “diplomacia discreta” o “sin llamar la atención” en los informes y comunicados de la organización.
La pregunta es obvia:
¿Porqué la ONU, la organización internacional más grande del mundo, no tiene un gabinete de comunicación eficaz que proyecte sus resoluciones a los medios de todo el mundo?
Reunión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas
La respuesta no parece tan sencilla. A nivel interno la ONU es, en palabras de Pol Fontanet, un «foro de debate» entorno a cuestiones conflictivas que a menudo los estados implicados conciben como lugar neutral. Las discusiones en el marco de la ONU «no tienen tanta visibilidad y no están tan sujetos a la opinión pública, cosa que les permite actuar de forma un poco diferente de como normalmente lo harían», comenta Fontanet.
A pesar de las ventajas de este aislamiento a la hora de resolver cuestiones conflictivas, la brecha entre la ONU y las sociedades de los diferentes países que están representados es evidente y preocupante. La existencia de una brecha va ligada no sólo al impacto real que tienen las resoluciones sobre el terreno, sino también a la cultura de Naciones Unidas que hay en cada país. «Naciones Unidas no se ve tanto como una posibilidad para cambiar el mundo, desde aquí se da más soporte a los movimientos sociales», afirma Fontanet. Así, en España el desconocimiento que hay de Naciones Unidas es más profundo y se percebe más como una cuestión de estado que de sociedad.
Por otro lado, Raül Jiménez considera muy grave el hecho de que Naciones Unidas no sea capaz de comunicar al resto del mundo sus resoluciones cuando «constantemente estamos viendo en los periódicos organizaciones como Amnistía Internacional o Médicos Sin Fronteras, que hacen cosas tan importantes como la ONU». Por otro lado reflexiona que «los mismos estados no quieren tener a Naciones Unidas siempre en portada» justamente porque dentro del clima relajado y propicio al diálogo, salen a debate cuestiones que afectan a todos los estados, y no siempre de forma positiva.
El C’MUN crece más cada año, y con ello, su repercusión en los medios. En la imagen, una periodista de BarcelonaTV entrevistando a Raül Jiménez
La presencia de Asociaciones para las Naciones Unidas, de Modelos de la ONU y otras actividades similares cuestiona el tópico de que no hay interés por parte de los ciudadanos en cuestiones de alta política internacional. Este tópico está particularmente extendido cuando se habla de los jóvenes. Aunque Raül Jiménez es particularmente escéptico con esta creencia popular: «la demanda existe, y la prueba es que el C’MUN ha crecido de forma casi exponencial a lo largo de estos tres años» argumenta. Y lo ha hecho tanto en tamaño como en calidad: «cada año los representantes vienen más preparados y se nota que el C’MUN ha creado una cultura de modelo en estos tres años» explica el chair Isik Oguzertem, estudiante en la Universitat de Bilkent, Turquía.
12 votos a 10, se aprueba la resolución: Israel ha cometido actos de genocidio y apartheid en Palestina. La función se acaba y el Rey de Arabia Saudí vuelve a ser Tom Wanker, estudiante en Hamburgo y la chair, solemne y algo nerviosa (ha sido su primera vez como moderadora) Princy Elamthuruthil vuelve a ser esa chica risueña de origen indio que está a punto de terminar la carrera en la Universidad de Leeds, Inglaterra.
Quienes hace sólo un rato discutían apasionadamente para imponer sus puntos de vista ahora se hacen fotografías e intercambian direcciones de correo electrónico para no perder el contacto. La alegría se mezcla con la nostalgia. Nostalgia de unas personas y una experiencia que todavía están aquí, pero que todo el mundo nota que comienzan a acabarse. Les queda la ilusión de haber disfrutado, de haber conocido y de haber aprendido.
Discursos durant l’acte de clausura del C’MUN
Ahora, en este Palau de Congressos de Barcelona, habiendo visto como durante tres días cuatro centenares de jóvenes se sientan, dialogan y llegan a acuerdos, una cosa parece irrefutable: los jóvenes se interesan por la tradicionalmente soporífera ONU. Quieren aprender como funciona el mundo para cambiarlo y sólo hace falta que alguien les ponga al alcance las herramientas suficientes para hacerlo. Si son capaces de hacer esto con sólo seis salas de reunión y un puñado de hojas de papel, ¿qué no harán cuando tengan el mundo entero?
En este clima de euforia, la realidad es un jarrón de agua fría. Raül Jiménez, escéptico en este sentido, lo resume en una sola frase:
«Los países que, como Israel, abusan de otros y cometen violaciones de los derechos humanos se verán muy tranquilos mientras haya países en el ámbito del Consejo de Seguridad que no quieran hacer ni aceptar ningún tipo de crítica, tal como intentamos hacer en el Modelo».
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